Miguelsogbi’s Blog

abril 11, 2017

Breaking Bad. La serie que Roque Valero debe ver

Comenzaré por ser honesto. Este artículo no es sobre Roque Valero. Lo coloqué en el título solo para llamar la atención. Para cumplir el dogma que hay detrás de cada título que es enganchar al lector.

Roque Valero fue trending topic. Nacho lo puso en la palestra a raíz de una discusión que generaron en tuiter. Después miles decidieron participar en la conversación. Pero la verdad es que el título debió haber sido algo cómo: “Breaking Bad, la serie que todo chavista debe ver”, o más bien, “que todo enchufado debe ver”. Y es que si hacemos una reflexión sencilla Roque Valero no es el adversario, o mejor dicho el enemigo, para ponerlo en los términos en los que el oficialismo venezolano desfiguró la política, convirtiéndola en una guerra, es decir una antipolítica.

Breaking Bad, es una de las series televisivas más exitosas de los últimos tiempos, (Estados Unidos, 2008-2013) y aunque fue patéticamente traducida como Ruptura Total, la traducción real sería algo así como Volviéndose Malo.

Espero que sean muchos los lectores que hayan visto la serie, porque vengo duro como Spoiler, y es que no creo que exista una mejor metáfora que esta trama para que el gobierno de Nicolás Maduro y sus seguidores más poderosos, puedan ver su futuro inmediato, su final, decadencia y derrumbamiento. El programa es un ejemplo perfecto de que la vida está compuesta de ciclos y que los ciclos se terminan. La vida no es una línea recta, ni ascendente. La vida es más bien parecida a un electrocardiograma.  Sube y baja. Es imposible mantenerla siempre recta aún en estos tiempos históricos, que son largos y lentos.

Walter White es un profesor de química en una escuela secundaria. Da clases en la mañana. En la tarde trabaja en un Car Wash. El salario no le alcanza. Se entera que tiene un cáncer incurable en un pulmón y además su esposa Skyler queda embarazada a los 40 años.

Su expectativa de vida es de dos años. El panorama es desolador. Walter quiere asegurar el futuro de su familia y decide usar sus profundos conocimientos de la química para fabricar anfetaminas y termina creando el mejor producto que los drogadictos de Nuevo México hubiesen probado alguna vez.

Al principio cocinaba la droga en un viejo Motor Home que estacionaba junto a su socio Jesse Pinkman en cualquier lugar del desierto. Todo marcha muy bien. En poco tiempo comienza a ver mucho dinero. Hace cálculos. “Cuando llegue a un monto determinado, paro” dice Walter. Pero no. Nunca para. Porque esa es la naturaleza del hombre. Quiere más, se complica más y produce más. Se convierte en Pablo Escobar de las anfetas.

No tarda en aparecer la sangre. Mientras más dinero, más problemas. Mientras más problemas, más mentiras.

Hay dos elementos que van caracterizando el desarrollo del personaje. La traición es uno de ellos. White se convierte en un mentiroso perfecto. Un máquina de inventar. Una ametralladora de falsedades. Así se van creando dos mundos. El verdadero y el que el protagonista va creando día a día.

El otro elemento es el de una vida nueva que lo seduce sin parar. Walter abandona su vida tanática, rutinaria y triste, para descubrir lo erótico de la creación, lo diferente y lo inimaginable.  Traspasa límites jamás pensados. Se descubre a si mismo. Encuentra su lado oscuro y se enamora de ello. Renace en la maldad.

Viene a mi mente la imagen de aquel Hugo Chávez delgado, vestido de liqui-liqui azul claro, proyectando sus ideales en un programa de televisión. Aspiraba al poder. Lo soñaba. Pero no lo había alcanzado y finalmente lo logra. Dice que es por la igualdad de los pueblos. Una batalla contra la injusticia. No es malo. No suena malo. Quizás se volvió, se convirtió. Al igual que Walter White descubrió otro mundo. Uno que soñaba, pero que en realidad no sabía como era: el universo del poder.

El protagonista también descubre ese universo. Todo por su familia. Esa es la excusa. La gran mentira. como es el pueblo para Hugo Chávez y su entorno.

Walter se corrompe y Hugo también. Es demasiado. Mucho más de lo imaginado.  No son ellos solos. La corrupción invade todo el entorno. Los ministros, los gobernadores, los amigos. Se va de las manos.

No son solo los ministros. Skyler también. Al principio critica a su esposo. Pero luego ve tantos millones en efectivo  que se corrompe y usa sus conocimientos contables para lavar todos esos millones de dólares. Redime a su esposo comprando aquel Car Wash en el que Walter secaba los autos al salir de la máquina junto sus compañeros de trabajo, casi todos chicanos e indocumentados.

El mismo cuento que Huguito, Efraín, Franqui Francisco y tantos más.

La trama confunde al televidente. El personaje es tan astuto, que el anti héroe deviene en  en héroe dentro de la psique del espectador. Lo mismo ocurre con el  elector alrededor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y toda su pandilla. Lo están haciendo todo mal, pero por una buena causa. La metáfora de Robin Hood. Son villanos pero no tanto, piensan algunos.

Hacia la última temporada, la verdad se hace demasiado patente. El televidente está más claro y los electores también. Se convirtieron en demasiado malos. Walter pone en riesgo a su familia. Nicolás Maduro a todo un país. Sería riesgoso decir su país.

En los últimos capítulos White está claro sobre cual es su destino. Sabe que no podrá huir de esa realidad que él mismo creo y que ya no puede controlar a través de la violencia o la mentira. Siempre deja un atisbo de esperanza. Pero sabe cual es su final.

Lo mismo ocurre con los jerarcas del poder en Venezuela. Están claros sobre cual es su destino, pero hacen todo lo posible por huir de él. No se si están en el capítulo final. Pero seguro si en la última temporada.

En medio del ejercicio de la venganza Walter pierde la vida. En realidad se la quita sin querer. En esos últimos minutos y con las manos bañadas en su propia sangre, acaricia aquellas máquinas con las que amasó todo su poder. Sabe que fue por él. Que todo fue por él.  Al igual que lo saben ellos. Fue por ellos. Todo fue por ellos.

No fue por la familia. No fue por el país. Quizá se vayan también con su propia sangre en las manos, al igual que Walter, manchadas con la de quienes ellos juraron proteger por siempre.

Disculpen. Olvidé hablar de Roque Valero.

@miguelsogbi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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septiembre 24, 2015

El sepulturero de la revolución

Así se refería Liev Davidovich Bronstein, también conocido como Trotski, cuando le tocaba hablar de su ex camarada Stalin. Este detalle no lo hubiese conocido si aquella tarde frente a la playa, José Salvador Pulido, no me hubiese recomendado de manera vehemente la lectura de El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura (Tusquets Editores).

Serán pocos los que tengan la autoridad académica para criticar a Padura después semejante obra. Solo puedo decir que es una de esos grandes libros que te ocurren. A diferencia de otras obras inolvidables que he podido leer como Baudolino de Umberto Eco, La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones o A Sangre Fría de Truman Capote, cuando eres un venezolano del siglo XXI, El hombre que amaba a los perros, tiene otra cosa.

Padura no escribió pensando en Venezuela, pero si con la idea de recordar como el comunismo, la gran utopía del siglo XX, en nombre de la igualdad y la justicia; de la lucha por el proletariado del mundo; y de la lucha de clases, se pervirtió y terminó otorgándole al camarada Stalin el título de segundo gran genocida del planeta, superado únicamente por Mao Zedong, dejando atrás en este penoso ranking incluso a Adolf Hitler, el más publicitado de todos.

La novela es un paseo por la mas paralizante de las emociones que invaden al ser humano. Es un texto sobre el miedo. Sobre como el poder por el poder se encarga de sembrarlo, como de hecho lo instauraron en los ciudadanos de la Unión Soviética, la República Democrática Alemana, Cuba y más recientemente Venezuela.

Por temor a ser derrocado, Stalin obligaba a sus acólitos a confesar conspiraciones inexistentes para luego ordenar su fusilamiento. Las víctimas sabían lo que les esperaba, pero tal era el abatimiento psicológico que se rendían de manera anti natura con tal de irse de esta vida con la ilusión de que sus familiares serían perdonados.

En el gobierno de Nicolás Maduro también existe el miedo y el mandatario es frecuentemente invadido por paranoias de traición, invasiones y derrocamientos. Estos temores en parte reales y en parte psicológicos le sirven de excusa, al igual que al camarada Stalin, para perseguir y torturar buscando confesiones como lo hicieron por ejemplo con Marco Coello, buscando que acusara a Leopoldo López, afortunadamente sin el éxito que obtenía el fallecido líder soviético.

Ramo Verde y los sótanos del SEBIN son la Siberia tropical de Nicolás. En estas celdas y en otras, se deterioran hasta la enfermedad los enemigos de la revolución.

Otro aspecto que los une a todos, Stalin, Nicolás, Hugo, Fidel, fue la destrucción de los aparatos productivos de sus respectivas naciones, para posteriormente devenir en hambruna, escasez, mercados negros y filas para adquirir lo básico.

La novela trata sobre la vida de la víctima, Trotski;  su victimario Ramón Mercader; y de como la muerte los une para siempre en el implacable camino de la historia. A medida que avanza el texto, la imagen del malvado agente secreto de la NKVD, entrenado durante años como un disciplinado soldado y que dedicó tres años de su vida a la misión histórica que Stalin le encomendó, se desdibuja al punto de generar compasión en el lector.

Y es que Mercader a pesar de haber cometido un magnicidio, fue otra víctima del comunismo. Su energía de joven luchador por la causa de los pobres y los desprotegidos durante la guerra civil española, fue utilizada para moldear su cerebro hasta el punto de convertirlo en una máquina cínica y asesina. Después de haber sido capturado por las autoridades mexicanas, pagó la pena máxima de 20 años existente para el momento, sin jamás confesar que era un agente de la NKVD, de hacerlo, la mano de Stalin le habría tocado en forma de chuzo en el medio de alguna reyerta carcelera. De nuevo el miedo. Ya en la Unión Soviética, con nuevo nombre y condecorado en secreto como héroe de la revolución, vivió entre las sombras y solo la medalla le salvó de hacer las largas colas que más de medio siglo después se hacen en Venezuela.

Quienes creyeron en la Santísima Trinidad de la revolución bolivariana, Chávez como el padre, Nicolás como el hijo y Bolívar como el espíritu santo, tienen mucho de Ramón Mercader. No por su carácter de asesino, sino de víctima. Ya casi todas arrepentidas, se han dado cuenta como al igual que en los otros sistemas comunistas que existieron en el mundo, el individuo fue hecho a un lado bajo lo excusa de lo colectivo, pero siempre en pos del poder. El hombre que amaba a los perros es recomendado a todos, pero su prescripción es impostergable para cualquier comunista en proceso de conversión.

Afortunadamente para Venezuela, la revolución bolivariana tiene su sepulturero, uno que cava con todas su fuerzas. Mientras, quienes acá vivimos nos estamos llenando de tierra, por decir lo menos.

@miguelsogbi

“El hombre que amaba a los perros, una fascinante indagación histórica en las razones por las que se pervirtió la gran utopía del siglo XX”.

mayo 14, 2013

Mayday. Presidente en barrena.

Filed under: Uncategorized — miguelsogbi @ 7:25 pm
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Los primeros treinta días de un gobierno que se juramentó a ritmo de cacerolas se escurrieron en el tiempo. Son parte de un pasado que deja magulladuras en el presente. Nicolás Maduro no la ha tenido fácil. La herencia que le dejó papá no fue la mejor de todas.

Mucho de lo que dijimos que íbamos a ver lo hemos visto. Otros capítulos están por ser transmitidos. Parte de lo bueno no lo vimos venir, como a un Lorenzo Mendoza decidido, que le cantó tres al gobierno, con respeto, firmeza y sobre todo con la legitimidad que le da ser presidente de la primera empresa privada del país. Un lujo que no se pueden dar las transnacionales, ni las más pequeñas, ambas temerosas de ser expropiadas, pechadas, fiscalizadas, amenazadas o simplemente acusadas de ser políticamente incorrectas. Mendoza puso el cuello en la hojilla, con la seguridad de que no iba a cortarse.

Veamos paso a paso, algunos de los elementos que demarcan el entorno país, en los últimos días.

El caos. La inseguridad y la economía sumen a Venezuela en un pozo profundo. Los crímenes no solo son más en lo cuantitativo, sino también en lo cualitativo. Más sangrientos, más violentos. Somos una Medellín de los 80, sin bombas, pero con balas. En economía no hablemos de lo macro, sino del bolsillo de doña Juana que está vacío, que no le alcanza para lo que hay, ni para lo que no hay, que es lo que más necesita. La inflación superará el 30% anual y el crecimiento del país con suerte llegará a 2 puntos.

Nicolás entró en barrena. Entrar en barrena, es el término con el que la aviación describe a una nave que cae verticalmente en una trayectoria helicoidal, generalmente como consecuencia de una falla. Los aviones antes de estrellarse, entran en barrena y así va Nicolás. El flash telefónico que realizó Datanalisis los días 17 y 18 de abril, en el que los más de 600 encuestados tenían aún el dedo entintado de púrpura, reflejó una evaluación negativa de 58,4% cuando fueron interrogados sobre el desempeño de Maduro como presidente. Pasado el tiempo el IVAD  mostró resultados aún más crudos. Si las elecciones fuesen mañana, la intención de voto se inclinaría 6 puntos a favor de Henrique Capriles.

La radicalización. Lo habíamos comentado. La tendencia del gobierno apuntaría a la radicalización. La fuerza como contención, la misma fuerza que los hace débiles. En el caso del general Rivero, sorprende más la forma que el fondo. La celada fue mucho más oscura que la masmorra en la que le  hospedan. La golpiza de la Asamblea no se queda atrás. Ninguno de los casos le sumaron ni medio punto al gobierno. Puertas afuera lo desprestigiaron y la oposición se ha encargado de subirle el volumen internacional al incidente. El desespero no es buen consejero. Vendrán más cosas.

El hombre esperanza. En un gabinete grisáceo y monocromático, lleno de enroques y figuras anónimas destaca Merentes como el hombre de la esperanza. En pocos días se ha reunido con representantes de diversos sectores de la Venezuela que quiere producir y les ha prometido la entrega de dólares. Nelson tiene todo en sus manos. No solo la reactivación de un país con una economía lenta e inflacionaria, sino la solución al grave problema de desabastecimiento generalizado, pero especialmente delicado en los sectores de alimentación y medicina. No inventará nada nuevo, al contrario reactivará todos los sistemas que alguna vez funcionaron como Cadivi, permutas y bonos, si se lo permiten, aunque todo indica que esta vez serán pragmáticos y no ideológicos. No por que quieran, sino porque no les queda otra.

La rueda de prensa de Mendoza.  Abundan los aspectos interesantes de las declaraciones de Lorenzo Mendoza. Pero hay un aspecto implícito, que destaca por sobre todas las cosas: a Chávez no se le hablaba así, pero a Nicolás si. Ni las palabras, ni las denuncias que realizó el presidente de Empresas Polar eran posibles en la era Chávez. Horas después el fallecido comandante hubiese investido con todo. Hoy la situación es diferente. Con esa rueda de prensa, Polar recuperó los millones de dólares que invirtió a lo largo de los últimos años, para elevar el costo político de un potencial ataque directo a los intereses de las empresas. Hay que destacar la puesta en escena y la elaboración de un discurso que lo pone en una posición sólida a la hora de negociar y que le dice al gobierno que “el responsable eres tu”.

Elecciones como arroz. Las elecciones que tanta legitimidad le dieron a Chávez, llevarán a Maduro hasta la puerta de salida.  Adentro del comando Simón Bolívar es casi un hecho la convocatoria de un revocatorio para los diputados rojos de la Asamblea Nacional. Es una vía rápida para lograr una mayoría parlamentaria, en una jugada delicada que bien podría valer la pena hacer. Las municipales se aceleran y podrían ocurrir durante 2013. Puertas adentro del PSUV se sabe que la cosa no van bien y que fuesen cuales fuesen los resultados serán mejor los de hoy que los de mañana. La oposición tiene algunos problemas que resolver. Las primarias en las que se eligieron a candidatos a alcaldes hoy no son legítimas, en consecuencia surgirán divisiones y conflictos en los casos en los que no se llegue a algún acuerdo. Capriles deberá ser el portaaviones de las municipales y de todos los procesos que están por venir. Las legislativas serán el proceso más importante y de esa victoria dependerá entre otras cosas un revocatorio presidencial para sacar al que podría ser para ese momento un muy poco popular Nicolás Maduro.

Capriles y la oposición. Su popularidad sube. Está en campaña constante. Es la voz de la oposición y también es la oposición. Dice que hacer y cuando hacer. Declara. Desgasta al adversario y no se desgasta él. Se sabe administrar. No se agarra todas las peleas para él. Manda a otros voceros al ring. Aparece cuando tiene que aparecer, pero cuando lo hace ataca, debilita al adversario y se retira. Ese es su trabajo. Picar como un avispón y retirarse. La oposición ahora se llama unidad y tiene el reto, hasta ahora bien logrado de continuar manteniendo la cohesión, hasta que el objetivo se cumpla. La unidad no es para siempre, es fruto de una circunstancia.

¿Agorero el análisis? No lo creo. Lo bueno viene. Lástima que haya que tocar fondo, como lo hacemos hoy. Son momentos difíciles los que vivimos los venezolanos y habrá que trabajar en conjunto, hombres y mujeres, empresas y ciudadanos, políticos de un color y de otro para construir una Venezuela que hasta hoy nadie ha visto. Ni la que fuimos, ni la que somos. Sino la que seremos.

 

@miguelsogbi

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