Miguelsogbi’s Blog

abril 11, 2017

Breaking Bad. La serie que Roque Valero debe ver

Comenzaré por ser honesto. Este artículo no es sobre Roque Valero. Lo coloqué en el título solo para llamar la atención. Para cumplir el dogma que hay detrás de cada título que es enganchar al lector.

Roque Valero fue trending topic. Nacho lo puso en la palestra a raíz de una discusión que generaron en tuiter. Después miles decidieron participar en la conversación. Pero la verdad es que el título debió haber sido algo cómo: “Breaking Bad, la serie que todo chavista debe ver”, o más bien, “que todo enchufado debe ver”. Y es que si hacemos una reflexión sencilla Roque Valero no es el adversario, o mejor dicho el enemigo, para ponerlo en los términos en los que el oficialismo venezolano desfiguró la política, convirtiéndola en una guerra, es decir una antipolítica.

Breaking Bad, es una de las series televisivas más exitosas de los últimos tiempos, (Estados Unidos, 2008-2013) y aunque fue patéticamente traducida como Ruptura Total, la traducción real sería algo así como Volviéndose Malo.

Espero que sean muchos los lectores que hayan visto la serie, porque vengo duro como Spoiler, y es que no creo que exista una mejor metáfora que esta trama para que el gobierno de Nicolás Maduro y sus seguidores más poderosos, puedan ver su futuro inmediato, su final, decadencia y derrumbamiento. El programa es un ejemplo perfecto de que la vida está compuesta de ciclos y que los ciclos se terminan. La vida no es una línea recta, ni ascendente. La vida es más bien parecida a un electrocardiograma.  Sube y baja. Es imposible mantenerla siempre recta aún en estos tiempos históricos, que son largos y lentos.

Walter White es un profesor de química en una escuela secundaria. Da clases en la mañana. En la tarde trabaja en un Car Wash. El salario no le alcanza. Se entera que tiene un cáncer incurable en un pulmón y además su esposa Skyler queda embarazada a los 40 años.

Su expectativa de vida es de dos años. El panorama es desolador. Walter quiere asegurar el futuro de su familia y decide usar sus profundos conocimientos de la química para fabricar anfetaminas y termina creando el mejor producto que los drogadictos de Nuevo México hubiesen probado alguna vez.

Al principio cocinaba la droga en un viejo Motor Home que estacionaba junto a su socio Jesse Pinkman en cualquier lugar del desierto. Todo marcha muy bien. En poco tiempo comienza a ver mucho dinero. Hace cálculos. “Cuando llegue a un monto determinado, paro” dice Walter. Pero no. Nunca para. Porque esa es la naturaleza del hombre. Quiere más, se complica más y produce más. Se convierte en Pablo Escobar de las anfetas.

No tarda en aparecer la sangre. Mientras más dinero, más problemas. Mientras más problemas, más mentiras.

Hay dos elementos que van caracterizando el desarrollo del personaje. La traición es uno de ellos. White se convierte en un mentiroso perfecto. Un máquina de inventar. Una ametralladora de falsedades. Así se van creando dos mundos. El verdadero y el que el protagonista va creando día a día.

El otro elemento es el de una vida nueva que lo seduce sin parar. Walter abandona su vida tanática, rutinaria y triste, para descubrir lo erótico de la creación, lo diferente y lo inimaginable.  Traspasa límites jamás pensados. Se descubre a si mismo. Encuentra su lado oscuro y se enamora de ello. Renace en la maldad.

Viene a mi mente la imagen de aquel Hugo Chávez delgado, vestido de liqui-liqui azul claro, proyectando sus ideales en un programa de televisión. Aspiraba al poder. Lo soñaba. Pero no lo había alcanzado y finalmente lo logra. Dice que es por la igualdad de los pueblos. Una batalla contra la injusticia. No es malo. No suena malo. Quizás se volvió, se convirtió. Al igual que Walter White descubrió otro mundo. Uno que soñaba, pero que en realidad no sabía como era: el universo del poder.

El protagonista también descubre ese universo. Todo por su familia. Esa es la excusa. La gran mentira. como es el pueblo para Hugo Chávez y su entorno.

Walter se corrompe y Hugo también. Es demasiado. Mucho más de lo imaginado.  No son ellos solos. La corrupción invade todo el entorno. Los ministros, los gobernadores, los amigos. Se va de las manos.

No son solo los ministros. Skyler también. Al principio critica a su esposo. Pero luego ve tantos millones en efectivo  que se corrompe y usa sus conocimientos contables para lavar todos esos millones de dólares. Redime a su esposo comprando aquel Car Wash en el que Walter secaba los autos al salir de la máquina junto sus compañeros de trabajo, casi todos chicanos e indocumentados.

El mismo cuento que Huguito, Efraín, Franqui Francisco y tantos más.

La trama confunde al televidente. El personaje es tan astuto, que el anti héroe deviene en  en héroe dentro de la psique del espectador. Lo mismo ocurre con el  elector alrededor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y toda su pandilla. Lo están haciendo todo mal, pero por una buena causa. La metáfora de Robin Hood. Son villanos pero no tanto, piensan algunos.

Hacia la última temporada, la verdad se hace demasiado patente. El televidente está más claro y los electores también. Se convirtieron en demasiado malos. Walter pone en riesgo a su familia. Nicolás Maduro a todo un país. Sería riesgoso decir su país.

En los últimos capítulos White está claro sobre cual es su destino. Sabe que no podrá huir de esa realidad que él mismo creo y que ya no puede controlar a través de la violencia o la mentira. Siempre deja un atisbo de esperanza. Pero sabe cual es su final.

Lo mismo ocurre con los jerarcas del poder en Venezuela. Están claros sobre cual es su destino, pero hacen todo lo posible por huir de él. No se si están en el capítulo final. Pero seguro si en la última temporada.

En medio del ejercicio de la venganza Walter pierde la vida. En realidad se la quita sin querer. En esos últimos minutos y con las manos bañadas en su propia sangre, acaricia aquellas máquinas con las que amasó todo su poder. Sabe que fue por él. Que todo fue por él.  Al igual que lo saben ellos. Fue por ellos. Todo fue por ellos.

No fue por la familia. No fue por el país. Quizá se vayan también con su propia sangre en las manos, al igual que Walter, manchadas con la de quienes ellos juraron proteger por siempre.

Disculpen. Olvidé hablar de Roque Valero.

@miguelsogbi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

febrero 1, 2017

El chico sin color

Reposaba desde hace más de dos años aún envuelto en esa antipática película de plástico que le ponen a los libros nuevos, para evitar que los lectores la hojeen. Había estado en estantes, en cajas, en casas diferentes.

Un libro no existe hasta que alguien lo lee.

No fue sino por el comentario que hizo hace un año o más mi tocayo Miguel Mónaco, que me dejó la inquietud de entrarle a Los años de peregrinación del chico sin color, de Haruki Murakami. Él es un avezado lector de Murakami y de otros autores de la literatura japonesa.

Muchos meses después llegaron las vacaciones de diciembre y con el descenso de la temperatura, apareció el tiempo y el espacio para comenzar a leerlo.

Jamás quiero ser un crítico. Mucho menos de Murakami. Pero este libro, de estructura sencilla, dentro de las obras que componen el universo del autor, habla sobre la soledad, el abandono, la amistad, las pérdidas. Es un viaje al mundo interior de Tsukuru Tazaki y a la vez hacia el inconsciente del lector.

Si hay algo que deja la historia, es lo vital que puede ser para todo ser humano resolver los asuntos pendientes que se van dejando en el camino de la vida, porque solo así se acaban las incógnitas, se aclaran las suposiciones y se consigue un poco más de tranquilidad. Pero para hacerlo se requiere de coraje y a veces, como es el caso del personaje, de alguna ayuda externa que te lleve a descubrirlo.

De Murakami me gustan las historias, pero sobre todo el estilo. Sus textos son inteligentemente hilados, cada párrafo está perfectamente escrito, maravillosamente curado, pero de cuando en cuando aparece alguno capaz de sacudirte. Uno de esos que cuando terminas de leerlo, suspiras y cierras el libro por unos segundos, por unos minutos, para después volver a leerlo varias veces, como queriendo aprenderlo.

“En lo más profundo de si mismo, Tsukuro Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen solo mediante la armonía. Se unen más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Esos son los cimientos de la verdadera armonía.”

 

@miguelsogbi

 

 

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octubre 22, 2015

La ley del olvido

Filed under: Opinión — miguelsogbi @ 6:32 pm
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Me conmovió profundamente leer la noticia. Karl Andree, un ciudadano británico de 74 años de edad podría ser castigado con 360 latigazos. Las autoridades lo detuvieron con vino casero en su auto y las leyes islámicas son claras y rígidas con respecto al consumo de alcohol.

Andree es un ejecutivo de la industria petrolera ya jubilado que vive en Arabia Saudita desde hace 25 años. Sus familiares aseguran que ha sido muy feliz en ese país.

La matemática es una ciencia exacta y la ecuación 360 latigazos, sobre 74 años de edad, pareciera dejar poco margen de error ante la posibilidad de resistir el castigo, sobre todo en un hombre asmático, que sufre de gota y que ha pasado por tres tratamientos contra el cáncer, además de un año de prisión desde que fue capturado. Aún así podría salvarse si las diligencias de la cancillería británica rinden frutos.

La sharía es el cuerpo del derecho islámico y define lo que es prohibido o permitido; lo que está bien o mal, estableciendo un código de conducta y por ende un estilo de vida. En occidente puede parecernos cruel y cavernaria, pero es clara y explícita.

La noticia da para discutir temas tan variados como la separación entre el Estado y la religión; los derechos humanos; las libertades religiosas; o los castigos medievales aplicados en pleno siglo veintiuno. Pero no. Aún cuando somos ciudadanos universales, la reflexión me lleva con más fuerza a pensar sobre cual es la ley que rige a Venezuela.

Karl Andree sabe que vive bajo la ley del Islam y que consumir licor, incluso en un bombón de chocolate puede ser castigado de manera brutal. Sin embargo, muy lejos de Arabia Saudita, en este país tropical, Alexis García también fue severamente castigado. Después de esperar angustiosamente durante algunos años a que apareciera un riñón compatible, finalmente el 7 de octubre llegó el día, pero a las 4:50 PM, en plena sala de operaciones, con la humanidad abierta y en el medio de la sedación de la anestesia, se fue la luz en el Hospital Universitario de Maracaibo. Con el apagón se pudrió el riñón y la esperanza del abogado de 56 años, que a duras penas lo suturaron utilizando los teléfonos celulares como linterna.  ¿Imaginan algo más cruel y cavernario?

Al británico quizá le perdone la ley del islam, si las diligencias diplomáticas llegan a feliz término. Pero al venezolano no lo perdonó la ley del olvido, el códice de un país echado al traste por quienes lo gobiernan. Un gobierno que olvidó que antes que nada, un país es su gente.

@miguelsogbi

A Alexis nadie le advirtió que al ingresar al quirófano, estaría entrando a una zona controlada por la ley del olvido.

octubre 8, 2015

El hombre al que nadie amó

Filed under: Opinión,Periodismo interpretativo — miguelsogbi @ 3:39 pm
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Enseguida comenzaron a reventar las alertas de CNN y New York Times. Al igual que a muchos otros medios a esa hora, me tocó dar la noticia. Otro tiroteo masivo en una institución educativa de Estados Unidos. Esta vez en Roseburg, Oregon. Christopher Harper Mercer de 26 años, le quitó la vida a 9 estudiantes, hirió a otros 9 y después de ser herido por la policía en un enfrentamiento inicial, se convirtió en la víctima número 19 del suceso en el Umpqua Community College.

Unas horas mas tarde la Casa Blanca se pronunciaba. Barack Obama habló a la nación. La impotencia del mandatario causaba coraje. No porque no haga nada para evitarlo, sino porque no puede hacer demasiado para evitarlo.

Según Mass Shooting Tracker, una organización encargada de llevar las estadísticas de los sucesos en los que mas de 4 personas son víctimas de un ataque armado en un mismo periodo de tiempo, posee cifras reveladoras. Durante lo que va de 2.015 se han registrado 294 tiroteos masivos, dejando mas de un muerto al día, 375 en total y 1.086 heridos.

Obama está en lo cierto cuando dice que este tipo de sucesos se han convertido en una rutina. “No somos el único país en el mundo en el que personas con enfermedades mentales quieren hacerle daño a otras personas. Somos la única nación avanzada del mundo que tiene tiroteos masivos frecuentemente y no tiene leyes de control de armas con sentido común”.

Los furibundos defensores de las armas en Estados Unidos, argumentan que aún se necesitan mas, aunque es difícil de justificar cuando en ese país el número de pistolas y fusiles superan a los ciudadanos. Según el Congreso, en el 2.009 tenían 306 millones de habitantes versus 310 millones de armas de fuego en manos de civiles y seis años después la proporción no ha cambiado.

Laurel Harper, la madre de Christopher alardeaba en algunos foros en internet sobre el hecho de tener en su casa 14 pistolas y ametralladoras siempre cargadas. Entre ellas la AK47, el armamento que lleva mas muertos a sus espaldas en conflictos bélicos alrededor del mundo.

Es una paradoja que el padre de una de las víctimas que fue herida en la espalda y que sobrevivió debido a que permaneció en el piso haciéndose la muerta, haya rechazado la visita de Obama a Roseburg, argumentando que el presidente va a politizar la masacre, confesándose como un conservador y defensor del derecho a estar armado. La página de Facebook Stay out of Roseburg, creada para pedirle a Obama que no vaya a la ciudad obtuvo 1.000 likes en un día. Pero la mayoría de los ciudadanos se han mantenido entusiastas ante la visita del mandatario, informaron algunos medios locales.

El problema no radica en el derecho que tienen los ciudadanos a poseer un arma de fuego para la defensa personal y del hogar, sino en el acceso ilimitado a todo tipo de armas por parte de todo tipo de personas. Laurel le informó a las autoridades que realizan la investigación, que su hijo Christopher estaba lidiando con problemas de salud mental. Aún así la madre del victimario no hizo mayor esfuerzo para evitar que su hijo tuviera acceso a las 14 pistolas y ametralladoras que estaban en la casa.

¿Por qué para defender el hogar se necesita un fusil de asalto? ¿Por qué personas con problemas psiquiátricos tienen acceso a comprar un arma con la facilidad que se compra una gorra o una camisa? “Si tenemos leyes que obligan a usar el cinturón de seguridad en los autos para salvar vidas, no tiene sentido carecer de leyes de control de armas para salvar vidas”, argumentó Barack Obama en la alocución.

Christopher Harper Mercer, no solo tenía un desequilibro mental. Christopher Harper Mercer era un hombre al que nadie amó.

Mientras conservadores, liberales e independientes se ponen de acuerdo en el mundo entero sobre leyes coherentes de control de armas en Estados Unidos o en el país en el que usted vive, abrace y bese a sus hijos cada vez que pueda. Debe ser una buena estrategia para que haya menos Christophers en el mundo.

@miguelsogbi

Harper puso fin a 9 historias que apenas comenzabas a escribirse y cambió la vida de todos los que aquella tarde estuvieron en Umpqua.

septiembre 24, 2015

El sepulturero de la revolución

Así se refería Liev Davidovich Bronstein, también conocido como Trotski, cuando le tocaba hablar de su ex camarada Stalin. Este detalle no lo hubiese conocido si aquella tarde frente a la playa, José Salvador Pulido, no me hubiese recomendado de manera vehemente la lectura de El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura (Tusquets Editores).

Serán pocos los que tengan la autoridad académica para criticar a Padura después semejante obra. Solo puedo decir que es una de esos grandes libros que te ocurren. A diferencia de otras obras inolvidables que he podido leer como Baudolino de Umberto Eco, La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones o A Sangre Fría de Truman Capote, cuando eres un venezolano del siglo XXI, El hombre que amaba a los perros, tiene otra cosa.

Padura no escribió pensando en Venezuela, pero si con la idea de recordar como el comunismo, la gran utopía del siglo XX, en nombre de la igualdad y la justicia; de la lucha por el proletariado del mundo; y de la lucha de clases, se pervirtió y terminó otorgándole al camarada Stalin el título de segundo gran genocida del planeta, superado únicamente por Mao Zedong, dejando atrás en este penoso ranking incluso a Adolf Hitler, el más publicitado de todos.

La novela es un paseo por la mas paralizante de las emociones que invaden al ser humano. Es un texto sobre el miedo. Sobre como el poder por el poder se encarga de sembrarlo, como de hecho lo instauraron en los ciudadanos de la Unión Soviética, la República Democrática Alemana, Cuba y más recientemente Venezuela.

Por temor a ser derrocado, Stalin obligaba a sus acólitos a confesar conspiraciones inexistentes para luego ordenar su fusilamiento. Las víctimas sabían lo que les esperaba, pero tal era el abatimiento psicológico que se rendían de manera anti natura con tal de irse de esta vida con la ilusión de que sus familiares serían perdonados.

En el gobierno de Nicolás Maduro también existe el miedo y el mandatario es frecuentemente invadido por paranoias de traición, invasiones y derrocamientos. Estos temores en parte reales y en parte psicológicos le sirven de excusa, al igual que al camarada Stalin, para perseguir y torturar buscando confesiones como lo hicieron por ejemplo con Marco Coello, buscando que acusara a Leopoldo López, afortunadamente sin el éxito que obtenía el fallecido líder soviético.

Ramo Verde y los sótanos del SEBIN son la Siberia tropical de Nicolás. En estas celdas y en otras, se deterioran hasta la enfermedad los enemigos de la revolución.

Otro aspecto que los une a todos, Stalin, Nicolás, Hugo, Fidel, fue la destrucción de los aparatos productivos de sus respectivas naciones, para posteriormente devenir en hambruna, escasez, mercados negros y filas para adquirir lo básico.

La novela trata sobre la vida de la víctima, Trotski;  su victimario Ramón Mercader; y de como la muerte los une para siempre en el implacable camino de la historia. A medida que avanza el texto, la imagen del malvado agente secreto de la NKVD, entrenado durante años como un disciplinado soldado y que dedicó tres años de su vida a la misión histórica que Stalin le encomendó, se desdibuja al punto de generar compasión en el lector.

Y es que Mercader a pesar de haber cometido un magnicidio, fue otra víctima del comunismo. Su energía de joven luchador por la causa de los pobres y los desprotegidos durante la guerra civil española, fue utilizada para moldear su cerebro hasta el punto de convertirlo en una máquina cínica y asesina. Después de haber sido capturado por las autoridades mexicanas, pagó la pena máxima de 20 años existente para el momento, sin jamás confesar que era un agente de la NKVD, de hacerlo, la mano de Stalin le habría tocado en forma de chuzo en el medio de alguna reyerta carcelera. De nuevo el miedo. Ya en la Unión Soviética, con nuevo nombre y condecorado en secreto como héroe de la revolución, vivió entre las sombras y solo la medalla le salvó de hacer las largas colas que más de medio siglo después se hacen en Venezuela.

Quienes creyeron en la Santísima Trinidad de la revolución bolivariana, Chávez como el padre, Nicolás como el hijo y Bolívar como el espíritu santo, tienen mucho de Ramón Mercader. No por su carácter de asesino, sino de víctima. Ya casi todas arrepentidas, se han dado cuenta como al igual que en los otros sistemas comunistas que existieron en el mundo, el individuo fue hecho a un lado bajo lo excusa de lo colectivo, pero siempre en pos del poder. El hombre que amaba a los perros es recomendado a todos, pero su prescripción es impostergable para cualquier comunista en proceso de conversión.

Afortunadamente para Venezuela, la revolución bolivariana tiene su sepulturero, uno que cava con todas su fuerzas. Mientras, quienes acá vivimos nos estamos llenando de tierra, por decir lo menos.

@miguelsogbi

“El hombre que amaba a los perros, una fascinante indagación histórica en las razones por las que se pervirtió la gran utopía del siglo XX”.

junio 23, 2015

6 claves que pueden ayudar a los candidatos a ganar esta elección

Una de las cosas que mas disfruto en mi trabajo es la creación del discurso. No entendido como la lectura de un papel frente a una audiencia, sino la construcción de mensajes que repetidos de manera constante y en los medios precisos, crean la imagen de una organización, empresa, marca o persona.

Dentro de todos los discursos, el más interesante y retador es el político. Ese que crea en la mente del elector agrado o desagrado; aceptación o rechazo; y que se transa emocionalmente en la moneda del voto.

Hoy, a seis meses de las elecciones legislativas en Venezuela y con decenas de candidatos iniciando una carrera electoral por un curul en la Asamblea, les ofrezco seis puntos que les pueden ayudar a estructurarse como candidatos.

  1. Necesitan hablar más. No solo mejor, sino más. Los candidatos tendrán que hablar todo el tiempo a toda hora. En una pre campaña muy larga y una campaña muy corta de apenas quince días, el esfuerzo de recorrido en tierra, que incluirá visitas casa por casa, asambleas ciudadanas y toques a medios y líderes locales, requerirá que los candidatos tengan un discurso coherente, reciclable y renovable, que puedan colocar una y otra vez hasta lograr el posicionamiento deseado.
  2. Necesitan persuadir. No solo de trata de hablar, sino de hablar para convencer. De lograr que tus electores crean en tu opción y propuesta. ¿Cómo lo logran? Presentando hechos que hoy más que nunca son reales, pero no solo se trata de restregar en la cara del elector una realidad difícil como la que nos rodea, sino contrastar esa realidad con sus valores. ¿Esta realidad está bien o está mal? ¿Esta realidad es la vida qué tu quieres? y por último las políticas que pueden cambiar esa realidad, es decir, tus propuestas como candidato.
  3. Necesitan gustar. Es lo que en comunicación política se llama agrado. Los políticos tienen que gustar a la gente. Es normal escuchar de los electores frases como “me gusta como habla ese político” ,”me gusta la manera en que ese candidato nos defiende” o “ese muchacho tiene futuro”. Los electores quieren políticos que les gusten, que les generen emociones y esperanza de cambio o de mantener lo que tienen según sea el caso.
  4. Necesitan transmitir optimismo y esperanza. Nadie quiere a un candidato que no brille, que no transmita. La gente quiere escuchar un mensaje positivo, que sus problemas tienen soluciones, que si hay futuro y que puedes ganar una elección, incluso cuando los números no sean los mejores.
  5. Necesitan ser comprendidos. Oraciones cortas. Palabras sencillas. Frases pegajosas. Ejemplos. Un candidato necesita ser comprendido por todos. El discurso efectivo es el que está compuesto por ideas sencillas y que posee capacidad de repetición.
  6. Necesitan aparecer en medios. Nuestra realidad mediática es cada vez mas restringida. Brillarán los candidatos que sean más creativos a la hora de colocar sus mensajes y los que a la vez construyan mejores relaciones en los medios existentes y líderes de opinión. No se trata de enviar tres notas de prensa todos los días, sino de crear mensajes efectivos, asertivos y oportunos, acompañados de acciones impactantes.

En esta carrera la oposición arranca ganando, pero son muchos los factores que jugarán para ecualizar una victoria. Hay más posibilidades que nunca. El elemento principal es el descontento y para capitalizarlo no solo se necesita el mensaje correcto, sino buenos oradores que sepan colocar el mensaje en cada uno de sus Estados y circuitos.

@miguelsogbi

Consultor en Comunicación Estratégica

CEO The Media Office

Discurso político

septiembre 22, 2014

Sobre la crisis y el optimismo

Filed under: Uncategorized — miguelsogbi @ 4:10 am

Cuando tranqué el teléfono, no entendía porque tenía que ser yo quien recibiera aquella llamada.
Ni me daban tiempo, ni sentí que yo contaba con el suficiente para hacer aquel trabajo o mas bien favor que me pedían.
No dije que no al principio, aunque sentí que 48 horas no era suficiente. Con el pasar de las horas cavilaba. “Voy a llamar a decirles que no. Que estoy muy agradecido. Que gracias por tomarme en cuenta. Que me siento honrado. Que es un orgullo, pero que no voy a poder por la gran cantidad de compromisos que tengo en este momento”.
Finalmente no tuve el valor para decir no. Además una amiga es una amiga y otros argumentos que utilicé para finalmente convencerme a mi mismo.
Es una compañía transnacional. El último jueves de cada mes realizan una actividad para compartir y aparte del coctel, invitan a alguien a dar una charla. Esta era la primera. Porque demonios me llamaron a mi. No soy ni motivador, ni conferencista y tampoco quiero serlo. ¿Por qué no llamaron a Carlos Fraga? Yo les hubiese conseguido el teléfono.
Lo único que me llevó a hacerlo es mi nueva y firme creencia de que todos tenemos algo que contar y así, con una pequeña libreta Moleskine como ayuda memoria comencé a charlar la tarde de aquel jueves.
No solo le dije a la audiencia lo que no soy, sino también lo que soy. El padre de tres niñas. Locutor de radio. Asesor en comunicaciones. Empresario.
¿Quién cree que estamos en un país en crisis? Ya ustedes habrán dado su respuesta. En la pequeña audiencia compuesta por unas treinta personas, todos corearon un si.
Conté la historia personal de nuestra agencia de comunicaciones. TMO tiene quince años. 2013 pudo haber sido un año catastrófico. Murió Hugo Chávez, no solo dejando un vacío de poder, sino un luto interminable que paralizó a la nación por un mes. Al terminar el mes, comenzaron las vacaciones de Semana Santa. Al regresar de ese asueto, nos encontramos con el fin de semana largo del 19 de abril. En un mes y medio, el caribe no nos dejó trabajar.
En lo que se llama un año malo, crecimos incluso una pizca arriba de la inflación. No fue un milagro. Teníamos dos años trabajando con cinco sencillos, pero poderosos objetivos estratégicos. Eso evitó que nuestra realidad interna, fuese superada por la realidad externa.
Luego le pregunté a todos, al mejor estilo de Anthony Robbins, jejeje, ¿Qué es una crisis? Lo que más se escuchó fue la palabra oportunidad. Ni tan cierta, ni tan falsa la respuesta. Una verdad a medias. Porque una crisis es realmente una coyuntura y todas las coyunturas son temporales. Una crisis es cambio e incertidumbre y si estos cambios son súbitos y violentos, se le llama revolución. Es aquí, cuando ya todos sabemos de que estaba hablando.
Luego pregunté ¿Cuál era la peor ciudad del continente hace 25 años? Respondieron a coro: “Medellín”.
Si. En esta Colombia de hoy, invadida por el progreso creciente, la ciudad que mas destaca, es aquella que hace un cuarto de siglo fue las mas violenta, pobre y caótica. Seguramente si no hubiese pasado por esta crisis, Medellin, no hubiese ganado el año pasado el premio a la ciudad más innovadora del mundo, ganándole a Nueva York y Tel Aviv.
Claro que en cada crisis hay una oportunidad. Pero hay que buscarla y trabajarla, porque una oportunidad es encontrar algo que está ahí, pero que no todos podemos ver.
Y como no hablar del optimismo. Término peligroso si se entiende mal. Porque no se trata de andar por la vida con una sonrisa, como si no estuviese pasando nada. Al contrario, sin dejar de reconocer lo negativo, logramos que lo positivo de esa misma realidad que nos rodea, sea lo que se imponga.
¿ No será entonces una oportunidad poder participar en la reconstrucción de un país que hoy está destruido? ¿Acaso es falsa la premisa que reza que después de una revolución, viene un proceso de evolución? ¿Si funciona así en los ciclos personales y empresariales, por qué no ocurriría así en el ciclo de un país? Se que es difícil verlo, cuando los tiempos de una nación se miden en décadas, mientras que los de los individuos se miden en horas, meses, si acaso años.
No es hora de rendirse.
Cité a Mahatma Ghandi: “un esfuerzo total es una victoria completa”. Luego recordé una frase con la que César Miguel Rondón despierta de manera consuetudinaria a su audiencia: “El sol sale para todos”.
Me despedí realmente agradecido por aquella oportunidad, a la que en un principio me negaba y salí prácticamente corriendo. No estaba de ánimo para socializar. A veces soy obstinadamente introvertido.

@miguelsogbi

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